ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

DIRECCIÓN: Tim Burton
TÍTULO ORIGINAL: Alice in Wonderland (2010)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Linda Woolverton; basado en los libros Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo, de Lewis Carroll
FOTOGRAFÍA: Dariusz Wolski
MÚSICA: Danny Elfman
DURACIÓN: 108 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Durante años se ha dicho que Alicia en el país de las maravillas es un relato lisérgico, imposible de clasificar, acerca de un mundo subterráneo en el que los objetos y los espacios responden a reglas propias, mientras que sus habitantes poseen una torcida lógica particular que desafía a una sociedad encorsetada por su educación conservadora.

Tan pronto se supo que Tim Burton —uno de los pocos directores de los que se puede decir que poseen un estilo propio en lo visual— se haría cargo de una nueva adaptación de la obra de Lewis Carroll, las expectativas se dispararon, preparando todo para una enorme una decepción, que es lo que su adaptación de Lewis Carroll termina siendo.

Irreprochable en lo que hace a la creación de los escenarios y los personajes fantásticos que pueblan ese inframundo, el director y su guionista no hacen más que combinar algunos detalles de las novelas de Carroll para partir hacia un convencional relato sobre una Alicia de 19 años de edad (Mia Wasikowska), quien tiene que reunir el coraje suficiente para decir no a un futuro infeliz, pues está a punto de ser dada en matrimonio a un hombre de buena posición que no ama.

El país de las maravillas que dibuja Burton está diseñado para un público en el que no se tiene la menor fe y al que hay que darle todo: una narrativa líneal fácilmente asimilable y un mundo dividido en héroes y villanos, pues la gente es incapaz de interesarse en algo que no sea un melodrama. A diferencia de la obra literaria de la cual abreva, aquí no hay desafíos a la imaginación y todo guarda coherencia.

Esta tramposa adaptación se agota en la creación de personajes excéntricos como el Sombrerero Loco, cuya participación es elevada a la de un segundo protagonista para lucimiento de la principal estrella del filme (Johnny Deep), y un eficiente trabajo en los efectos especiales que, sin embargo, no mejoran la experiencia cuando se les aprecia en una sala 3-D.

No se trata de declarar intocables los clásicos o de ver su adaptación como una profanación. En este caso, la decepción viene de la traición de la película al espíritu del relato original, al convertirlo en una historia de maduración de la protagonista, cuando Lewis Carroll incluso ridiculizaba en ciertos diálogos entre Alicia y la duquesa la tendencia de los mayores a hacer de todo una moraleja. Más aún, el hilo argumental es tan genérico que sospecho que difícilmente alguien que no lo haya hecho se acercará a leer por curiosidad la fuente original.

 
 
 
 
  

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