APOCALYPTO

DIRECCIÓN: Mel Gibson
TÍTULO ORIGINAL: Apocalypto (2006)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Mel Gibson, Farhad Safinia
FOTOGRAFIA: Dean Semler
MÚSICA: James Horner
DURACIÓN: 139 minutos

 
       

Héctor Campio López | @campiolopez

Desde meses antes del estreno en México de Apocalypto, numerosos académicos e investigadores se dieron a la tarea de señalar por distintos medios, los errores de carácter histórico que advertían en la nueva película del director Mel Gibson. Hicieron el caldo gordo a los responsables de la publicidad de esta película: a las salas llegaron algunos que fueron a comprobar si la lengua maya estaba mal pronunciada o si los tocados de los sacerdotes correspondían más bien a otros periodos históricos.

La crítica alrededor de la cinta se vició y a la película ya sólo se le miró en función de los atentados que presuntamente comete en contra de la civilización maya al pintarla como a un pueblo de salvajes. La discusión se volvió apéndice de una charla bizantina que siempre lleva a la misma conclusión: el cine no es sustituto de la historia, así como no lo es de la literatura.

Toda proporción guardada, Apocalypto no es una película sobre los mayas tal como Gladiador (2000) de Ridley Scott no fue una película sobre el Imperio Romano. La anécdota central tiene como protagonista a Garra de Jaguar (Rudy Youngblood), un cazador de tapires que después se verá a sí mismo perseguido por un grupo de guerreros en tremenda cacería a lo largo de la selva. Fuera de eso, los mayas sólo son contexto.

Mel Gibson demuestra que es tan diestro para relatar un drama sangriento como La pasión de Cristo, como lo es para contar esta impetuosa cacería humana. Como escritor es ocurrente, emplea animales salvajes como elementos bélicos en su aventura y es efectivo para generar angustia en el espectador en un ambiente tan complicado para filmar persecuciones. Uno no puede ser indiferente ante personajes tan odiosos como Tinte de serpiente.

Hay mutilaciones, perforaciones de costilla a costilla, hematomas y lanzas que brotan por la garganta, pero el tema que subyace a esta cinta de acción no es la violencia física, sino la psicológica: el miedo y su relación con el poder. Hay miedo en los ojos de Garra de Jaguar al sentir de cerca la muerte y hay miedo también en el pueblo maya, que es controlado por sus clases dominantes.

Apocalypto no es una película histórica, pero la secuencia que tiene lugar en las pirámides sirve como una alegoría de nuestro tiempo y es susceptible a la lectura local. México y su régimen político puede mirarse en ella de la misma forma en que lo puede hacer Estados Unidos y sus sacrificios humanos en Irak. Las pasiones humanas son ineludibles y el paralelismo entre sociedades antiguas y actuales no es absurdo desde el sentido común.

Culpar a Gibson de hacer añicos lo que los pueblos indígenas e historiadores han construido en años recientes es una exageración. Reclamarle que haya ignorado los portentos matemáticos de la cultura maya en esta persecución de hemoglobina trepidante es tan necio como pedir que en las películas chinas de artes marciales se nos muestre a los guerreros inventando el papel o practicando la acupuntura.

Si alguien puede hacer algo por el género de acción, ese es Mel Gibson, que se aprovecha de nuestras emociones primarias y lleva a sus personajes de Apocalypto a los límites del dolor y la histeria.

 
 
 
 
       

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