AVATAR

DIRECCIÓN: James Cameron
TÍTULO ORIGINAL: Avatar (2009)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido
GUION: James Cameron
FOTOGRAFÍA: Mauro Fiore
MÚSICA: James Horner
DURACIÓN: 162 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Respaldada por el trabajo de efectos especiales más impresionante desde la trilogía de El Señor de los Anillos, la nueva cinta de James Cameron, Avatar, ha conseguido una aprobación casi unánime del público y de la crítica especializada, gracias al logro indudable que significa la creación detallada de un entorno extraterrestre que lo mismo es tierra idílica y jungla hostil.

Las fantásticas imágenes que Cameron y su equipo de diseñadores han producido con el cúmulo de nuevas herramientas tecnológicas con que cuentan, no pueden ocultar, sin embargo, la ausencia de una historia original y la excesiva solemnidad en el tratamiento de su mensaje ecológico-político sobre los pueblos originarios.

La historia sucede en Pandora, un lejano planeta que además de ofrecer una invaluable oportunidad para la exploración científica, es también el más rico yacimiento de unobtaniumun, un mineral de altísimo valor, que se conozca. Dado que la atmósfera es letal para los seres humanos, los científicos han desarrollado los llamados avatares de la mezcla de información genética de humanos y de los Na'vi, los habitantes originarios de Pandora. De esta forma, los expedicionarios son capaces de enviar su conciencia en cuerpos mucho más aptos para ese mundo.

Propiamente, Jake Sully (Sam Worthington) es un ex marine estadounidense, confinado a una silla de ruedas, quien es reclutado para mezclarse entre los nativos y convencerlos de abandonar su tierra, a cambio de recibir la oportunidad de caminar de nuevo. Como puede anticiparse, la conexión espiritual y casi orgánica de los Na'vi con la tierra y con otras especies, permitirá al soldado adquirir una nueva conciencia sobre sí mismo y lo que le rodea, lo que le hará tomar partido en una lucha contra la mezquindad de su propia raza.

En esencia, Avatar abreva narrativamente y de manera muy clara de filmes como Danza con Lobos (Kevin Costner, 1990), así como de otros cuya propuesta es la del hombre blanco anglosajón cuya soberbia le hace creer que puede simplemente tomar y llevarse lo que necesita sin importar nada más. Entiendo los argumentos que sostienen que la de Cameron es una historia contada desde el siglo XXI con un nexo originario en los viejos westerns del siglo pasado; mi objeción en todo caso está dirigida al saqueo de grandes momentos de cintas recientes que se detectan fácilmente.

Por lo demás, hay que reconocer sin cortapisas que si bien el filme no representa una renovación de las formas de hacer cine como pretendía su director, sí pone el arte digital al servicio de conceptos. Cameron crea un universo propio, con conexiones plausibles entre lo humano y lo divino sin que aquello parezca completamente inverosímil.

Aun cuando puede resultar demasiado solemne, el discurso político de la cinta que alude a las inescrupulosas prácticas corporativas y el militarismo estadounidense (representados aquí por Giovanni Ribisi y Stephen Lang, respectivamente) son lo mejor de la cinta, muy por encima del mensaje ecuménico-ecológico. En lo visual, no hay duda: la batalla final entre los Na'vi y las fuerzas armadas, la pelea heroica contra el exterminio y un innegable logro del equipo técnico.

 
 
 
 

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