EL HOBBIT: LA BATALLA DE LOS CINCO EJÉRCITOS

DIRECCIÓN: Peter Jackson
TÍTULO ORIGINAL: The Hobbit: The Battle of the Five Armies (2014)
PAÍS: Estados Unidos, Nueva Zelanda
GUION: Fran Walsh, Philippa Boyens, Peter Jackson, Guillermo del Toro
FOTOGRAFÍA: Andrew Lesnie
MÚSICA: Howard Shore
DURACIÓN: 144 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos comparte las virtudes y los defectos de los dos capítulos anteriores de esta nueva serie: cine fantástico, febril, visualmente espectacular, pero agotador por la incapacidad de su realizador para abreviar, o bien, por su obstinación en los largos y lentos planteamientos, así como en la elaboración de situaciones interminables que lastran la película.

Si en el segundo episodio, los protagonistas llegaron hasta las puertas del antiguo reino de Erebor arrebatado a los enanos dos siglos atrás por el codicioso dragón Smaug, la tercera parte se ocupa en principio de la batalla por arrebatarle el dominio a la bestia. Sin embargo, en su vertiente más interesante, la película profundiza en la degradación que acompaña la obtención de gran poder.

El peso de la historia recae sobre el líder de los enanos, Thorin Oakenshield (Richard Armitage), guerrero valiente en la batalla, con un sentido inquebrantable de la lealtad para con sus hombres, pero quien una vez en el trono, cae presa de la codicia y ejerce un poder despótico que lo lleva a desconocer sus compromisos y a traicionar su palabra.

Con esos elementos, Peter Jackson y su equipo recrean la guerra de la Tierra Media narrada en la obra de J. R. R. Tolkien, una batalla épica montada desde lo descomunal, pero cansina en su reiteración, sus lluvias de flechas y duelos de aceros en los que, sin dramatismo, mueren decenas de combatientes anónimos, y entre los cuales Bilbo pasa a ser un secundario.

La cinta no deja de ser imaginativa en lo visual, pero los juegos de ingenio y habilidad desaparecen junto con los momentos de humor que tenían las dos anteriores entregas. Desgraciadamente, también ha desaparecido la genuina emoción que podía hallarse en El Señor de los anillos, obra que como anotaba Peter Travers en Rolling Stone, siempre tendrá un lugar en la historia del cine. Y en ese sentido, las casi ocho horas de El Hobbit aspiran, acaso, a convertirse sólo en una nota al pie.

 
 
 
 
  

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