UN BUEN DÍA EN EL VECINDARIO

DIRECCIÓN: Marielle Heller
TÍTULO ORIGINAL: A Beautiful Day in the Neighborhood (2019)
PAÍS: Estados Unidos, China
GUION: Noah Harpster, Micah Fitzerman-Blue
FOTOGRAFÍA: Nate Heller
MÚSICA: Nate Heller
DURACIÓN: 109 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

El término de feel good movie suele ser un estigma para cualquier trabajo cinematográfico. Se asume que las historias optimistas en las que los personajes centrales son buenas personas solo pueden ofrecer visiones blandas y edulcoradas del mundo. Es decir, que muchas veces el valor de una película en el sentir colectivo está determinado por el género en que esté narrada.

Un buen día en el vecindario, de la directora Marielle Heller, es una cinta entrañable, inusualmente cálida y verdadera, capaz de reconciliar durante casi dos horas al espectador y de conseguir un voto de apoyo para aquellas historias sencillas que ayudan a clarificar realidades y permiten sentirse bien.

La cinta nos presenta a Fred Rogers (Tom Hanks) un presentador de televisión infantil poco convencional, conductor de Mister Rogers' Neighborhood, que a diferencia de otros personajes no buscaba enseñar valores absolutos a los niños o inculcar cierta moral rígida, sino que tomaba en serio sus emociones y sentimientos y se permitía hablar con ellos de temas duros como la muerte, la guerra, la separación de los padres y el abuso verbal y físico, entre otros.

Sin embargo, el personaje central no es Rogers, sino Lloyd Vogel (Matthew Rhys), periodista de la revista Esquire, a quien le asignan entrevistar a esta figura de la television estadounidense y hacer un perfil amable de éste. El choque está servido, pues Lloyd es un reportero de estos nuevos tiempos que cree que cada pieza periodística debe hacer tambalear al poder, cambiar al mundo o curar el cáncer.

Esta visión cínica de la vida le hace querer encontrar los dobleces del personaje, demostrar que su forma de actuar con los otros y lo que le dice a los niños es una mera impostura, que no es más que otro ídolo con pies de arcilla, porque nadie es tan bueno ni tan genuino, pues el mundo sólo puede ser un reflejo de nuestra propia miseria y falta de integridad.

Marielle Heller no sólo logra de su elenco actuaciones notables y poderosas, de una ternura que se siente tan auténtica que no hay espacio para el melodrama barato. En su película hay también una seria reflexión sobre las nuevas maneras de ser hombre y el efecto sanador de permitirse sentir. Lo mejor, no obstante, son los largos silencios en los diálogos entre Vogel y Rogers, especialmente un momento en el que uno de ellos le pide al otro tomarse un minuto y pensar en aquellos cuyo amor nos hizo lo que somos. No les cuento más.

 
 
 
 
       

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