BUSCANDO UN AMIGO PARA EL FIN DEL MUNDO

DIRECCIÓN: Lorene Scafaria
TÍTULO ORIGINAL: Seeking a Friend for the End of the World (2012)
PAÍS: Estados Unidos, Singapur, Malasia, Indonesia
GUION: Lorene Scafaria
FOTOGRAFÍA: Tim Orr
MÚSICA: Jonathan Sadoff, Rob Simonsen
DURACIÓN: 101 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga| @jcromero

A contracorriente del cinismo desesperanzado de Melancolía, de Lars von Trier, donde el cataclismo constituía un escape al sufrimiento, Buscando un amigo para el fin del mundo es una comedia agridulce, rara pero entrañable, que pretende, a su manera, ser una reflexión sobre la vida y los afectos en un mundo cuya existencia está por llegar a su fin.

Abandonado por su esposa, Dodge (Steve Carell) se encuentra solo ante el hecho de que un enorme meteorito se estrellará contra la Tierra al cabo de tres semanas. Mientras muchos se entregan al pánico, él no deja de ir cada mañana a la oficina y seguir su trabajo como vendedor de seguros. En los primeros minutos del filme, la directora, Lorene Scafaria, abre la mirada a las reacciones contrastantes frente al anuncio de la tragedia.

En esas circunstancias, y cuando en algunos lugares han comenzado las revueltas y la rapiña, Dodge conoce a Penny (Keira Knightley), quien resulta que ha sido su vecina por largo tiempo sin que ninguno de los dos lo haya advertido. Sin nada que perder, juntos deciden iniciar un viaje en busca de las personas con quienes desean pasar sus últimos momentos. Paulatinamente, la gente va abandonando sus actividades; las calles, las vías de comunicación empiezan a lucir abandonadas y la vida comunitaria muere.

Tal como advertía Terrence Rafferty en un texto publicado en The New York Times, la película de Scafaria (igual que otras recientes) ofrece una visión más íntima e introspectiva del fin del mundo, alejada del espectáculo de la destrucción y completamente apartada de cualquier referencia a líderes políticos, militares y religiosos, acaso el reconocimiento de que las instituciones que alguna vez podría haber ofrecido alguna esperanza de salvación nos han desilusionado.

La directora elude cualquier explicación innecesaria sobre el evento cósmico que golpeará al mundo y al igual que sus personajes rechaza voltear al cielo para mostrárnoslo; el relato sucede abajo en el espacio compartido por unas pocas personas buenas y sin esperanza. Por eso la última media hora de la cinta es una belleza, entrañable en su tono, en sus imágenes y sus diálogos, envueltos en una sutil, pero sobrecogedora partitura.

Algo le pasa al mundo, está claro. Pasamos de preguntarnos sobre los libros que llevaríamos a una isla desierta para plantearnos con quién quisiéramos estar cuando esto acabe. Al respecto, Lorene Scafaria elabora una sencilla, pero honesta declaración de amor a la vida, aunque los finales felices ya no existan.

 
 
 

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