CHIQUITO, PERO PELIGROSO

DIRECCIÓN: Keenen Ivory Wayans
TÍTULO ORIGINAL: Little Man (2006)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Keenen Ivory Wayans, Shawn Wayans, Marlon Wayans
FOTOGRAFÍA: Steven Bernstein
MÚSICA: Teddy Castellucci
DURACIÓN: 90 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Ni cómo ayudarles.

No quiero que me malentiendan. Si bien soy parte del público que odió cosas como Ace Ventura (las dos películas) y Austin Powers: Goldmember, también fui de los que disfrutaron enormemente material como Irene, yo y mi otro yo, Los calientabancas o Scary Movie.

La aclaración es necesaria, porque aunque los hermanos Wayans generalmente me parecen graciosos, su más reciente película, Chiquito, pero peligroso es un ejemplo de que todo tiene límites.

La historia comienza cuando Calvin Sims (Marlon Wayans), un ladrón de joyas de apenas unos centímetros de estatura, sale de prisión después de cumplir una condena. Antes de retirarse definitivamente, decide dar un último golpe y robar un valioso diamante. El plan funciona sólo a medias, pues durante la operación se ve obligado a esconder la joya en la bolsa de una pareja interpretada por Kerry Washington y Shawn Wayans. La única manera de entrar al hogar de éstos sin violencia y sin poner en alerta a la policía es disfrazarse de bebé abandonado. Imagínense el resto.

La materia prima de este filme, más que el normal o entendible humor escatológico en una trama como ésta (imaginen la cantidad de chistes que pueden salir del tema del cambio de pañales), son las recurrentes bromas de corte sexual (muchas de pésimo gusto) que incluyen numerosos close ups a los pechos de Brittany Daniel y la sorpresa colectiva ante el aparato reproductor del "bebé".

La comedia física no es mejor. Aunque las risas más francas aparezcan durante un juego de hockey en el que el supuesto niño es molido a golpes por un violento jugador, lo demás puede ser definido en dos palabras "trauma testicular".

No es que uno quiera encontrarle virtudes dramáticas a un producto como éste (en lo particular fui con la disposición de hartarme de frivolidad), sino que la cinta sale debiendo en todos los sentidos. Por más superficial que pareciera, detrás del humor de los hermanos Wayans siempre asomaba un elemento subversivo; la agudeza casi siempre estaba por encima de la sordidez del lenguaje o la procacidad de las imágenes.

Sé que todo esto se parece mucho al análisis que harían los viejos ridículos de A favor de lo mejor, pero créanme, el gran pecado de Chiquito, pero peligroso es no ser graciosa en lo absoluto.

 
 
 

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