LOS CUATRO FANTÁSTICOS Y SILVER SURFER

DIRECCIÓN: Tim Story
TÍTULO ORIGINAL: Fantastic Four: Rise of the Silver Surfer (2007)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido, Francia
GUION: Don Payne, Mark Frost
FOTOGRAFÍA: Larry Blanford
MÚSICA: John Ottman
DURACIÓN: 92 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

La primera parte de Los 4 Fantásticos fue terriblemente mala. La nueva no es mejor. porque mientras otras historias de superhéroes han crecido en complejidad, ésta se complace en su propia falta de pretensiones.

Lo primero y más importante que puede recriminársele a esta cinta es la nula voluntad del director Tim Story por mejorar lo hecho anteriormente. Hablar de errores es hacerle un favor a un hombre cuya labor —parece— se limitó simplemente a vigilar que la película se hiciera en los tiempos fijados, sin conducir jamás el trabajo de los actores o al menos marcar los cambios de tono del guion, con el fin de que generar una mínima emoción del público ante lo que se plantea como una catástrofe.

De ahí también, que los conflictos personales que supuestamente enfrentan estos nuevos héroes no terminen de ser un elemento de peso o un obstáculo cuando llega el momento de salvar al mundo. Es decir, la trama nos muestra a Sue Storm (Jessica Alba) y Reed Richards (Ioan Gruffudd) intentando lidiar con la repentina fama que han adquirido, como cualquier celebridad del mundo del espectáculo, y preguntándose en la víspera de su matrimonio si es posible iniciar una familia en medio de todo eso. El momento es roto abruptamente por la aparición de un personaje con forma de trofeo de segundo lugar, llamado Silver Surfer (voz de Laurence Fishburne), cuyo paso por diferentes planetas parece estar vinculado con la destrucción de toda forma de vida en ellos.

En el primero de los casos, resulta por demás complicado creerles nada a actores que atacan sus diálogos sin emoción ni convicción alguna y que no cuentan por lo menos con un villano de personalidad fuerte que eleve el nivel dramático de lo que se intenta contar.

En un segundo plano, tenemos un supuesto fin del mundo en proceso, pero nadie parece darse cuenta. Excepto algunos eventos inusuales en diferentes ciudades del planeta, la teoría de que la Tierra será devastada es, la mayoría del tiempo, una suposición sacada por el líder de los Fantásticos y compartida apenas por algunos altos funcionarios de la Defensa de Estados Unidos. O sea, los alcances mundiales de este inminente desastre son mundialmente ignorados. Conclusión: no hay drama.

Sin razón justificada, el guion decide desempolvar al Dr. Doom (Julian McMahon), el villano de la primera película, a ver si puede inyectarle algo de interés a la trama, pero ni así. Sigue siendo un enigma qué es exactamente lo que mueve a este sujeto y qué quiere conseguir enfrentándose a los buenos aun cuando es de los pocos que saben que al mundo le quedan horas de vida.

Ni qué decir de la inexplicable velocidad con la que Reed Richards hace increíbles descubrimientos científicos e inventa artefactos que el mismo gobierno no ha sido capaz de producir en décadas, o la capacidad de la Dodge (con comercial y todo) para producir un vehículo volador que pone al servicio del cuarteto.

Con un grado de delgadez que lleva a desconocerla por completo, Jessica Alba dice en algún momento de la cinta a Silver Surfer que en esta vida siempre se tiene elección y se puede hacer lo correcto. Perfecto. Escoja otra película. Ésta es tan mala como parece.

 
 
 
 

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