CÓMO ENTRENAR A TU DRAGÓN

DIRECCIÓN: Chris Sanders, Dean DeBlois
TÍTULO ORIGINAL: How to Train Your Dragon (2010)
PAÍS: Estados Unidos
GUIÓN: William Davies, Dean DeBlois, Chris Sanders; basado en el libro de Cressida Cowell
MÚSICA: John Powell
DURACIÓN: 98 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

La historia la hemos visto varias veces: un joven entusiasta, por definición diferente, que no parece encajar en ningún lado y que, además parece nunca estar a la altura de las expectativas de su padre, realiza una hazaña que le gana la admiración de un pueblo entero. Cómo entrenar a tu dragón cae en cada uno de los supuestos anteriores y aun así es, sin duda alguna, la mejor película animada de DreamWorks hasta la fecha.

La abismal distancia que Pixar ha logrado poner con otros estudios de animación, siempre ha estado por encima de sus logros en el aspecto visual; en buena medida, lo entrañable de sus cintas está definido por la humanidad que hay detrás de sus personajes e historias. Puede decirse que en ese sentido, Chris Sanders y Dean DeBlois han conseguido un filme espectacular y sumamente maduro en lo narrativo, al grado de permitirse la audacia de incluir una escena durísima que va contra la costumbre de mantener la inocencia de las historias infantiles.

Hipo, su protagonista, es un adolescente debilucho, hijo de Estoico el Vasto, el jefe de un pueblo de rudos vikingos dedicados a cazar dragones. Para deshonra de la familia, el muchacho no sólo carece de esa fuerza viril necesaria para enfrentar las batallas, sino que adopta a un dragón herido del cual aprende cosas completamente distintas de las que otros vikingos le habían enseñado.

Usando la tecnología 3D para potenciar las posibilidades de un relato épico-fantástico, Cómo entrenar a tu dragón es un derroche visual que rivaliza (sin exageraciones) con varios de los mejores momentos de la sobrevalorada Avatar. No se trata sólo de un recurso impresionista que se reduzca a la reacción del público ante objetos cercanos, sino a un trabajo notable en el uso de los espacios abiertos y los paisajes en los que uno puede realmente perderse en la contemplación.

En su carácter de fábula (cinta infantil al fin y al cabo), la historia ofrece un mensaje emotivo sobre la aceptación del papel que a cada uno le toca en el mundo, así como sobre los prejuicios y las ideas preconcebidas en torno a los demás. Aunque durante buena parte del filme vemos a Gobber, un viejo vikingo sin una pierna y un brazo (perdidos ambos en una batalla contra un dragón), el desenlace es ejemplar por su claridad y su abierta intención de romper con prejuicios y abordar sin subterfugios incluso el drama de la discapacidad física.

Muchos echarán en falta las referencias a la cultura pop que venían haciéndose costumbre en las películas animadas y quizás una mayor dosis de humor hilarante, pero a cambio tenemos una obra mucho más equilibrada y madura, que no obstante, es divertida. No hay pierde, estamos ante una de las mejores cintas infantiles del año; una pieza cuya buena hechura tendría que ser reconocida aun por quienes por sistema desprecian todo lo que Hollywood hace.

 
 
 
 
  

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