GRAN TORINO

DIRECCIÓN: Clint Eastwood
TÍTULO ORIGINAL: Gran Torino (2008)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Nick Schenk; basado en un argumento de David Johannson y Nick Schenk
FOTOGRAFÍA: Tom Stern
MÚSICA: Kyle Eastwood, Michael Stevens
DURACIÓN: 116 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Hay un momento en Gran Torino en el que el duro veterano de guerra Walt Kowalski (Clint Eastwood), dolido por la muerte de su esposa y decepcionado por la cretinez de sus hijos, enfrenta a un joven sacerdote que pretende darle la confesión y enseñarle sobre la muerte. Es imposible que un chico virgen de 27 años que consuela a un montón de viejas supersticiosas, prometiéndoles la vida eterna, sepa nada de la vida y la muerte.

Racista, educado en los viejos valores americanos, marcado por la guerra, el último personaje interpretado por Eastwood vive en un barrio que ha sido copado por familias Hmong, cuyas pandillas juveniles representan exactamente los valores que él detesta. A partir de un enfrentamiento con éstos, el hombre emprende, sin embargo, un viaje de redención que si bien abusa por momentos en sus pretensiones, encuentra su equilibrio en la mezcla de una comedia costumbrista y blasfema con un filme melancólico admirable.

Sus personajes, algo esquemáticos y a ratos algo forzados, son humanizados por la fatalidad que acompaña al relato. Eastwood, el director, utiliza esos momentos de pérdida absoluta para introducir su propia reflexión acerca de la trascendencia y la invencibilidad de la violencia por métodos iguales.

En cierto nivel, el protagonista de Gran Torino guarda un gran parecido con esos héroes crepusculares de los westerns que representan lo honesto y lo íntegro del mundo, que creeen por sobre todas las cosas en los viejos valores. A la muerte de su esposa, Walt Kowalsky conserva, sin embargo, el apego por tres cosas valiosas que le hablan de un pasado brillante y que nadie en su familia merecería tener jamás: su rifle de la guerra, su perra Daisy y su codiciado Gran Torino de 1972.

Con nada más que desprecio por la violencia cotidiana que comienza a copar todos los espacios de convivencia en el vecindario, el hombre descubre que en sus dos jóvenes vecinos vietnamitas, Thao y Sue, hay más decencia que en el resto. Predecible en su rumbo, pero descorazonadora y emotiva en su elección argumental final, la cinta de Eastwood es coherente con su visión moral del mundo, sin recurrir a obviedades, sin rehuir a la crudeza.

Si en Harry el Sucio su personaje legó frases a las antologías futuras ("¿Te sientes afortunado, escoria?"), Gran Torino deja la imagen de un hombre de 78 años, apuntando con su dedo a un grupo de vagos mientras pregunta "¿Alguna vez te cruzaste con alguien a quien deberías haber evitado? Ese soy yo".

 
 
 
 
  

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