GRAVEDAD

DIRECCIÓN: Alfonso Cuarón
TÍTULO ORIGINAL: Gravity (2013)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Alfonso Cuarón, Jonás Cuarón
FOTOGRAFIA: Emmanuel Lubezki
MÚSICA: Steven Price
DURACIÓN: 91 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

El asombro y el espanto. Igual que el silencio de una noche oscura, los primeros minutos de Gravedad sobrecogen. Un largo plano secuencia a 599 mil metros sobre la superficie de la Tierra muestra la órbita de un transbordador espacial. Después vemos y escuchamos las voces de Matt Kowalski (George Clooney) y la doctora Ryan Stone (Sandra Bullock), integrantes de una misión estadounidense, encargados de realizar reparaciones al telescopio Hubble.

La cámara se mueve en torno a ellos como un observador ajeno, para luego ubicarse en los ojos de cada personaje y mostrarnos lo que él o ella ven. Impresionante todo. Sin asideros, un arriba o un abajo, el silencio y el vacío profundo del espacio y el gigantesco resplandor azul del océano son verdaderamente atemorizantes. De pronto, los restos de un satélite ruso destruido por un misil aparecen a gran velocidad en trayectoria hacia la nave. Comienza entonces el naufragio.

Porque Gravedad es ante todo la historia de pérdidas irreparables, de una vida dejada a la deriva por una tragedia personal, como lo fue en su momento Náufrago (2000), la cinta protagonizada por Tom Hanks, o la más reciente Life of Pi (2012), de Ang Lee. El trabajo de Alfonso Cuarón es la angustiosa materialización de una pesadilla a partir de una historia mínima y de engañosa simplicidad: un personaje que tiene que ir al espacio y quedarse sin esperanza para encontrar un dolor profundo y hallar un motor para seguir a pesar del desencanto.

Rescato, como todos, el enorme mérito tras las cámaras de Emmanuel Lubezki, cuyo trabajo ha sido definido como un milagro técnico. Pero además, y por sobre todo lo demás, el notable y comedido esfuerzo de Sandra Bullock para estar a la altura —lo cual logra sobradamente—, junto con los breves momentos de Clooney en el papel de hombre experimentado que ha estado tantas veces en la cima del mundo que terminado de verlo todo y puede irse a descansar.

No veo ni encuentro en esta película referencia alguna a Dios, ni a esta sabiduría de galletas de la suerte disfrazada de espiritualidad que muchos parecen advertir. Su protagonista no sólo no es una creyente, sino que es incapaz de asombrarse de su pequeñez ante al mundo que hay frente a ella. De ahí la sensación de descubrirse absolutamente derrotado al final (James Cameron dixit).

Se ha atribuido a Dostoievski una frase que dice “Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos”. En su sencillez argumental y su belleza visual Gravedad trae consigo una idea genuinamente humana, ajena a cualquier pensamiento religioso sobre trascendencia o más allá: "Una vida cuyo último y único sentido consistiera en salvarse o no, es decir, cuyo sentido dependiera del azar, del sinnúmero de arbitrariedades que tejen la vida [...] no merecería la pena ser vivida". Así, la protagonista de esta historia.

 
 
 
 
  

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