EL ILUSIONISTA

DIRECCIÓN: Neil Burger
TÍTULO ORIGINAL: The illusionist (2006)
PAÍS: Estados Unidos
GUIÓN: Neil Burger, basado en el relato "Eisenheim the illusionist", de Steven Millhauser
FOTOGRAFÍA: Dick Pope
MÚSICA: Philip Glass
DURACIÓN: 110 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Sin aviso alguno, se estrenó en nuestro país un filme que debió merecer mayor atención de los medios y que probablemente es lo mejor de los últimos meses.

El ilusionista, segundo largometraje de Neil Burger, cuenta con Edward Norton y Paul Giamatti en los roles principales, lo cual habría sido suficiente para darle mayor empuje al lanzamiento, sin contar que estamos ante una cinta superior al promedio, más por su calidad actoral y el impecable trabajo técnico, que por la historia en sí.

El relato se ubica en Viena, hacia finales del siglo XIX, a donde ha llegado Eisenheim (Norton), un ilusionista con un asombroso espectáculo que maravilla a la población de aquel lugar. Su actuación está más allá de la de un prestidigitador, por lo que su notoriedad llega a oídos del príncipe heredero Leopold (Rufus Sewell), quien, considerándolo un impostor, lo hostiga tratando de desacreditarlo durante sus presentaciones.

Su animadversión por el mago hace que el príncipe ordene a su jefe de inspectores Uhl (Giamatti) descubrir los trucos de que se vale este hombre y desenmascararlo, lo que en realidad lleva al jefe policiaco a encontrar una extraña relación entre Eisenheim y una mujer de la nobleza. Tal como se escucha, la historia es en realidad un cuento breve llamado "Eisenheim the illusionist", escrito por Steven Millhauser, ganador del Premio Pulitzer, pero adaptado por Neil Burger como un muy aceptable libro cinematográfico.

Decía que lo mejor de la película no es exactamente su trama y es cierto. La verosimilitud del relato está íntimamente ligada a la interpretación de sus tres principales roles masculinos y de la de Jessica Biel, quien actúa en el papel de la prometida del príncipe heredero. A esto, hay que sumarle la fotografía de Dick Pope, quien encontró en Praga los elementos para recrear una cinta de época, en la que la luminosidad de los lugares está permanentemente atenuada, y un discreto trabajo de Philip Glass en la banda sonora.

Un acierto que hay que acreditarle al director es presentar una historia cuyo desenlace puede imaginarse desde antes, pero hacerlo tan bien (a la manera de un auténtico prestidigitador) que el espectador se ve obligado a fingir sorpresa ante una vuelta de tuerca que en realidad no es tal.

Los efectos visuales que acompañan la magia de Eisenheim no están del todo logrados y uno no deja de pensar que pudo haberse recurrido a un verdadero ilusionista para recrear con mayor realismo varios trucos. Pese a ello, la forma en que está construida toda la película disculpa esos detalles. El ilusionista es en esencia un relato sencillo con ciertas trazas de cuento infantil y créanme que descubrirse disfrutando de una película cuyo tema es la magia hace la experiencia mejor todavía.

La pregunta es dónde estaba El ilusionista y por qué nadie nos advirtió sobre su estreno. La película es más que un agradable hallazgo.

 
 
 
 
  

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