LA PROFECÍA

DIRECCIÓN: John Moore
TÍTULO ORIGINAL: The Omen (2006)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: David Seltzer, basado en el guion de La profecía (1976)
FOTOGRAFÍA: Jonathan Sela
MÚSICA: Marco Beltrami
DURACIÓN: 110 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

La angustia y el sobrecogimiento que experimenté en los años ochenta al ver La profecía, de Richard Donner, son indecibles. La mirada del pequeño Harvey Stephens en el papel de Damien era turbadora, por decir lo menos, y la música de Jerry Goldsmith, sobre todo el segmento coral, era el detonador de una terrible esquizofrenia.

En un intento por aprovechar una fecha marcada por los números del llamado Anticristo (6.6.06), la 20th Century Fox decidió no por el reestreno de ese clásico, sino por un remake plano, aburrido y desprovisto de esa atmósfera que hacía sentir al Diablo operando detrás de cada escena en el filme de 1976.

La historia es la misma. El diplomático estadounidense, Robert Thorn (Liev Schreiber) y su mujer Kathryn (Julia Stiles) pierden a su bebé recién nacido. Antes de que ella se entere, él decide adoptar a un huérfano que ha nacido esa misma noche a instancias de un sacerdote que le pide aceptar al niño como suyo.

Todo transcurre de manera normal. Nada sucede hasta que el niño, Damien (Seamus Davey-Fitzpatrick), cumple cinco años y varios hechos perturbadores tienen lugar a su alrededor. Damien no sólo no es normal, sino que podría ser el durante mucho tiempo anunciado Anticristo.

En Estados Unidos, el tinte apocalíptico de la fecha consiguió el efecto deseado, pues la película logró recaudar 12.6 millones de dólares sólo en el día de su estreno (un martes, por cierto). A pesar de ello, el resultado es bastante anodino como para quitarle el sueño a nadie. La profecía no redefine un solo punto de la versión original, sino que se limita a recrear el clásico con un respeto excesivo; no arriesga, no es demasiado audaz y en esa medianía se pierde.

El miedo es inexistente, porque el impacto queda reducido a tres o cuatro golpes de efecto, útiles para evitar que el auditorio se duerma, pero no para profundizar en la progresiva corrupción del protagonista o ahondar el sentimiento de aprensión que en teoría debería despertar la trama.

Damien, el Anticristo, la figura que de acuerdo con el guion nació de un chacal, es a la vez la figura más insípida e insubstancial del filme. El aspecto desnutrido y pálido, y la ausencia de intención en la actuación de Seamus Davey-Fitzpatrick despiertan más compasión que miedo, en tanto que Liev Schreiber y Julia Styles se quedan lejos de una actuación memorable, por más empeño que parecen poner.

Las muertes en esta película son, por mucho, más violentas que en el original, pero pasa lo mismo que con los momentitos de susto inducidos. Se trata de mero efectismo, ante la imposibilidad de persuadir al público de que lo que tiene enfrente es de veras aterrador.

La profecía es otra decepción, una de esas cintas que no se quedan en la memoria más allá de cinco minutos. ¿Pensarán hacer La Profecía 2?

 
 
 
 
       

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