MADAGASCAR

DIRECCIÓN: Eric Darnell, Tom McGrath
TÍTULO ORIGINAL: Madagascar (2005)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Mark Burton, Billy Florick, Eric Darnell, Tom McGrath
MÚSICA: Danny Elfman
DURACIÓN: 86 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Aunque uno puede divertirse muchísimo a ratos, Madagascar es básicamente una cinta hecha y pensada para niños. Es cierto que a la película le queda mucho de la frescura que Shrek vino a inyectarle a los filmes infantiles hace unos años; sin embargo, sus personajes no son figuras duraderas.

La historia comienza en el zoológico de Nueva York una vez que Marty, la cebra, cumple diez años de edad y comienza a preguntarse sobre la vida en libertad, por lo que decide escapar —acicateado por cuatro pingüinos medio mafiosos— en busca de la jungla.

Conscientes del peligro de esa aventura sus amigos, el león Alex, la jirafa Melman y la hipopótamo Gloria, deciden ir tras él, de modo que, de alguna extraña manera, todos terminan embarcados en un viaje fuera de itinerario a Etiopía.

Gracias al complot de los pingüinos, que toman el barco como verdaderos terroristas, el grupo de amigos termina en Madagascar, donde la vida salvaje saca a flote la naturaleza silvestre y ruda de uno de ellos.

Desafortunadamente, una vez que esto sucede la película cae en un bache, toda vez que los cuatro pequeños pandilleros desaparecen, pues deciden seguir su viaje rumbo a la Antártida.

En términos generales, la cinta es bastante entretenida, pero no gracias a sus cuatro protagonistas, sino a la insolencia, primero de los avechuchos, y luego de los cientos de lemúridos que aparecen en Madagascar, encabezados por un rey medio tropicalón (doblado con mucho atino por Mario Filio), que ve en el león Alex a su protector ideal contra los depredadores de la isla.

Ahí es donde se puede rescatar y elogiar el papel de los actores de doblaje mexicanos, quienes hacen de la película algo mejor de lo que quizá es, sin tener que recurrir a celebridades de la televisión para llevar público a las salas.

En función de lo que puede verse en la sala de cine, la cinta no es mala ni mucho menos; vale la pena. Los niños se divierten, reciben un mensaje bonito y uno se la puede pasar bien si logra pasar el bache en el que cae la historia por ahí de la mitad de la película.
 
 
 
 
  

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