LA PROVOCACIÓN

DIRECCIÓN: Woody Allen
TÍTULO ORIGINAL: Match Point (2005)
PAÍS: Reino Unido
GUION: Woody Allen
FOTOGRAFÍA: Remi Adefarasin
MÚSICA: Giuseppe Verdi, Georges Bizet y otros
DURACIÓN: 119 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga| @jcromero

Notas de prensa y reseñas críticas hablan de Match Point como el regreso de Woody Allen. Yo no encuentro el momento en el que Allen se fue, más allá de lo pálidas que pueden parecer sus cintas de los últimos 15 años en relación con su mejor época. Sí creo que su cine perdió brillo, pero también creo que se mantuvo por encima de un mar de mediocridad, con cintas impecablemente actuadas y con una voz perfectamente distinguible.

La provocación (título bastante anodino en español) está hecha con un brío poco usual, del que ya habíamos visto algo en Melinda y Melinda. Rodada en su totalidad en Londres —un cambio significativo para Allen— Match Point es la historia de Chris Wilton (Jonathan Rhys Meyers), un irlandés, ex promesa del tenis que se contrata como instructor de un exclusivo club. Ahí conoce a Tom Hewett (Matthew Goode) y a su hermana Chloe (Emily Mortimer), los hijos de una adinerada familia de la alta sociedad inglesa.

Chris es un sujeto arribista que se ha impuesto a sí mismo el gusto por el arte, por la ópera y la literatura como un medio para escalar, y esto es justamente lo que le abre las puertas de los Hewett, quienes no tardan en hacerlo parte de la familia. El joven se acostumbra rápido a las cosas buenas que trae el estatus, pero el equilibrio se rompe de inmediato cuando aparece su cuñada Nola (Scarlett Johansson), una de las bellezas más auténticas que se hayan visto recientemente en pantalla.

Lo que hace el director a continuación es contarnos una historia que bordea los límites de Crimen y castigo, de Dostoievski, pero que en esencia se toma de una de las fábulas más elementales: la caída del hombre en el jardín del Edén. Chris es un Adán de la high society, que vive en un paraíso terrenal construido no por sus esfuerzos, sino por el poder de un ser superior en todos los sentidos: su suegro. Éste le ha dado además una compañera, su hija Chloe, de modo que su única obligación en la vida es hacerla feliz, formar una familia y no comer del árbol prohibido. Lo que sucede después, lo conocemos todos.

Las referencias tenísticas no son ni por mucho gratuitas. El arranque de la cinta se basa en una idea que Allen desarrolla y agota hasta el final: casi siempre hay un momento del juego en el que la pelota toca la red y el mundo se detiene; sólo la suerte puede determinar de que lado caerá la bola y quién ganará el partido.

En lo narrativo, el director neoyorkino nunca se ha caracterizado por los grandes vuelcos, su gran trabajo casi siempre está en el guion; sin embargo, Match Point resulta tan redonda que hay un par de pequeños momentos en que el espectador se ve obligado a tomar aire para asimilar los giros que deciden la historia.

Hemos sido educados en la idea de que existe un orden moral cósmico y quizá sea por eso que uno se sienta noqueado cuando el final de la cinta llega. Y sin embargo, es difícil imaginar un remate más coherente, un final (definido así por Peter Travers de Rolling Stone)tan "endemoniadamente inteligente y moralmente repugnante".

Nunca se menciona en el filme, pero fue Dostoievski quien dijo que "la belleza salvará al mundo". Match point tiene eso por sobre todas las cosas, aunque a su director muchos lo hayan dado por muerto hace 20 años. Éste no es el regreso de Allen... es el regreso del mejor Woody Allen.

 
 
 
 

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