MUNDO JURÁSICO

DIRECCIÓN: Colin Trevorrow
TÍTULO ORIGINAL: Jurassic World (2015)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Rick Jaffa, Amanda Silver, Colin Trevorrow, Derek Connolly
FOTOGRAFÍA: John Schwartzman
MÚSICA: Michael Giacchino
DURACIÓN: 124 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Mundo Jurásico  es una atracción de su tiempo. Hace 22 años, Steven Spielberg usó como pretexto el renacido interés por el estudio de los fósiles e imaginó una historia en una isla de Centroamérica llena de dinosaurios vivos, la cual hizo posible por medio de efectos digitales que entonces no tenían precedente. Pero hoy aquello ya no sorprende a nadie; la gente se aburre, usa y tira. Hoy todo tiene que ser más grande, más espectacular .

Algo hay de autorreferencial en esa idea y los realizadores la hacen explícita: es perfectamente posible tomar un fenómeno del pasado como Jurassic Park y ofrecérselo al público actual mediante una necesaria modificación de ADN que introduzca una novedad en un producto viejo.

La cinta avanza como una velada crítica a la obtención de utilidades, mientras hace uso de sus elementos más obvios. En algún punto de la historia alguien incluso habla sobre la posibilidad de crear dinosaurios de diseño, con patrocinios corporativos que permitan sustituir sus nombres científicos por Pepsisaurio o Tostitodonte; es decir, bromea sobre el product placement mientras a cada escena se hace evidente la publicidad de Mercedes Benz, Samsung Starbucks y CocaCola, entre otras marcas comerciales.

Su director, el californiano Colin Trevorrow, entrega, sin embargo, una película marginalmente divertida, competente como entretenimiento, pero a la que le sobran 30 minutos de secuencias repetitivas de humanos huyendo de animales prehistóricos. Lo logra, además, echando mano de clichés y de personajes arquetípicos en una narración que repite en términos generales la línea argumental de la cinta original de 1993 sobre el rescate de dos niños en peligro luego de que se pierde el control sobre los animales.

Lo curioso es que si bien todo el conjunto está soportado por el despliegue visual y el trabajo del departamento de efectos especiales, además de las numerosas referencias cinéfilas que incluyen a las primeras películas de la saga, en el centro del relato hay una relación romántica en la que los protagonistas no sólo juegan viejos roles en los que es evidente el discurso sexista, sino que consiguen representarlos con algo de gracia.

Por un lado, Claire (Bryce Dallas Howard) es la manager del parque, exitosa en el mundo laboral, pero fría y autocontrolada hasta el punto en que parece ir arrastrando a su propia yo triunfadora. Owen (Chris Pratt), en cambio es el indómito y bien parecido héroe que trabaja domesticando a algunas especies agresivas de dinosaurios, que no necesita más que un techo sencillo y contacto con la naturaleza para entenderlo todo. Por supuesto, él deberá domesticarla a ella también.

Por lo demás, no deja de ser valiente que el director de esta entrega se asuma al final como alguien que lejos de innovar, se limita a actualizar fórmulas viejas, que en lugar de creador de un relato fantástico , se reconozca como un competente técnico que clona sin inventiva más allá de lograr que todo sea más grande  y haga más ruido, y tenga más dientes.

 
 
 
 

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