LA OTRA REINA

DIRECCIÓN: Justin Chadwick
TÍTULO ORIGINAL: The Other Boleyn Girl (2008)
PAÍS: Reino Unido, Estados Unidos
GUION: Peter Morgan; basado en la novela La otra Bolena, de Philippa Gregory
FOTOGRAFIA: Kieran McGuigan
MÚSICA: Paul Cantelon
DURACIÓN: 115 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

El amor es un invento del siglo pasado; o al menos fue hasta entonces cuando se le introdujo de manera decisiva en el matrimonio y se le empezó a considerar una condición para que una pareja se casara.

Por eso, el primer problema con La otra reina (The Other Boleyn Girl, 2008) viene de su fuente; una novela de corte feminista que dota a sus personajes femeninos de una autonomía de acción y pensamiento impensable para una sociedad en la que su opinión no contaba y en la que su única virtud digna de valor era la sumisión (además de la de tener hijos).

Aunque la cinta de Justin Chadwic parecería apuntar en principio a esa etapa convulsa que acompañó el reinado de Enrique VIII al mismo tiempo que su apasionamiento por Ana Bolena crecía, el resultado se acerca mucho más a un melodrama de bajas aspiraciones, sobre intrigas y traiciones familiares. De tal modo, y en atención a la novela, el guion da demasiada importancia a María Bolena (Scarlett Johansson), quien habría sido amante del rey durante un corto tiempo, y da demasiado crédito a los rumores que aseguran que ésta tuvo un hijo varón de él (asunto que tendríamos que ignorar al tener dato de la importancia para Enrique VIII de un heredero hombre al trono).

La Ana Bolena interpretada por Natalie Portman se antoja demasiado "moderna", independiente, calculadora e impenitente para su tiempo; en general, el amor juega un papel demasiado central en los conflictos de los personajes y la trama pasa demasiado rápido por hechos trascendentales de la historia como la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica y su rechazo a la autoridad de Roma que se traduciría en el nacimiento de la Iglesia Anglicana. Añádanle que no hay una sola mención a Tomás Moro.

No es que Ana no haya sido un elemento central en este episodio y en el proceso de anulación del matrimonio entre Enrique VIII y Catalina de Aragón (aquí personificada por Ana Torrent), pero reducir todos la complejidad de estos dos acontecimientos a caprichos de alcoba, parece fuera de lugar.

Queda la sensación de que en el montaje de La otra reina hay talento desperdiciado. A pesar de llevar a Eric Bana y las ya mencionadas Natalie Portman y Scarlett Johansson en los estelares, vale la pena decir que son los secundarios en el reparto —David Morrissey como el Duque de Norfolk es uno de ellos— quienes realmente logran crear a su personaje más que representarlo.

Razones hay para pensar que esto es se debe a la falta de arrojo del director; además de que fracasa en sacar del acartonamiento a estos habitantes de los libros de historia, sus escenas de sexo están notablemente llenas de pudor, acaso evidencia de sus deformaciones profesionales como realizador de televisión.

La cinta no es del todo una mala opción, sobre todo si se le considera una ficción, pero los errores y los olvidos son palpables. No se puede hablar de pasión sin ponerle a las escenas algo de lo mismo; creo que es así de simple.

 
 
 
 
  

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