¿QUÉ PASÓ AYER? PARTE II

DIRECCIÓN: Todd Phillips
TÍTULO ORIGINAL: The Hangover Part II (2011)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Todd Phillips, Scot Armstrong, Craig Mazin
FOTOGRAFÍA: Lawrence Sher
MÚSICA: Christophe Beck
DURACIÓN: 102 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

¿Qué pasó ayer? Parte II repite paso a paso el esquema de la cinta original de 2009 en la que un cuarteto de amigos se reunía para un último brindis antes de la boda de uno de ellos, luego de lo cual los veíamos despertar hechos una desgracia y sin un ápice de memoria de dónde estuvieron y qué hicieron.

Las diferencias entre una y otra están marcadas por algunos roles intercambiados entre los personajes (esta vez el novio es Stu, interpretado por Ed Helms), el cambio de escenario donde se desarrolla la historia (en lugar de Las Vegas, todo sucede en Tailandia) y otros elementos que simplemente son sustituidos por equivalentes (el tigre que metían a la habitación durante la borrachera, ahora es un mono traficante, mientras que el diente que Stu perdía en su inconsciencia ahora se vuelve un tatuaje en el rostro).

Dejando a un lado toda discusión sobre su nula originalidad, la película funciona; es subversiva e ingeniosa porque aunque no guarde mayores sorpresas, se apropia del tono desmadroso y el sentimiento de horror que acompañaba a los personajes en el primer filme tras poner cada una de las piezas de un rompecabezas cuya imagen completa ya era en sí misma moralmente bochornosa.

El director Todd Phillips apuesta a la química que en conjunto tiene su elenco, aunque carga particularmente sobre Alan (Zach Galifianakis), un personaje infantiloide cuya cretinez y desesperación por ser aceptado y pertenecer a un grupo (“la manada”, le llama él) lleva la película a sus mejores momentos, junto con las apariciones del excéntrico gángster asiático Mr. Chow (Ken Jeong).

Sin embargo, ¿Qué pasó ayer? Parte II se enfoca en recapturar el espíritu de la primera parte, a tal grado que en algunos tramos da la impresión de que el guion original hubiese sido filmado de nuevo escena a escena, introduciendo sólo algunas variantes y desaprovechando a actores como Paul Giamatti, que tiene una participación menos que ridícula en la trama. La desaparición y búsqueda de uno de los miembros del grupo vuelve a ser (otra vez) un mero mcguffin para obligar a los protagonistas a volver sobre sus pasos y mostrarnos la cantidad de delitos, irresponsabilidades y faltas inconfesables que habrían cometido absolutamente fuera de control, al tiempo que los vemos ir a contrarreloj para reparar los daños ocasionados.

Pero algo hay que reconocerle al realizador y sus actores y es la innegable solvencia para convertir el dolor y sufrimiento de un grupo de idiotas en un eficaz producto de entretenimiento que tienen como epílogo una serie de fotos instantáneas en la que incluso se desacraliza una histórica imagen de la guerra de Vietnam.

Ciertamente, la cinta tiene buena carga de contenido sexual, violencia y lenguaje subido de tono que le ha valido la clasificación R (Restricted) en Estados Unidos; sin embargo, en nuestro país Warner Bros. colocó una versión doblada al “español mexicano”, indigna y vulgar.

 
 
 
 
  

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