ROCKETMAN

DIRECCIÓN: Dexter Fletcher
TÍTULO ORIGINAL: Rocketman (2019)
PAÍS: Reino Unido, Estados Unidos, Canadá
GUION: Lee Hall
FOTOGRAFÍA: George Richmond
MÚSICA: Matthew Margeson; con canciones de Elton John y Bernie Taupin
DURACIÓN: 121 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Si hace unos meses la Academia le otorgó a Rami Malek el Oscar como Mejor Actor por ponerse un disfraz de Halloween de Freddie Mercury y hacer lip sync frente a una cámara, Rocketman, cuarto largometraje del británico Dexter Fletcher,  plantea la difícil cuestión sobre el reconocimiento que debe hacerse al trabajo de Taron Egerton, cuya interpretación de Elton John (dicho esto en el más amplio sentido de la palabra) es de lo mejor de este año.

“Fantasía realista” de la trayectoria del compositor inglés, esta cinta cuenta con una notable libertad creativa que permite ubicar sus canciones fuera de todo tiempo y al margen de cualquier cronología para narrar cómo aquel niño llamado Reginald Dwight, poseedor de un don musical, pero también de una enorme necesidad de amor y reconocimiento, va saliendo adelante a pesar de un par de padres negligentes y emocionalmente distantes.

El solitario protagonista de esta historia, cuya orientación sexual se vuelve un lastre durante una época, parece tener sólo dos constantes en su vida, dos cómplices incondicionales: su abuela, la única presencia familiar que parece ver el genio que habita la casa, y su excepcional y modesto letrista, Bernie Taupin (Jamie Bell), quien siempre está al margen de los reflectores. Por lo demás, el artista cuya excentricidad se vuelve tarjeta de presentación, hace tanto de su piano como de su interminable colección de disfraces, los recursos para ocultar su miseria existencial.

A ratos peligrosamente cerca del relato didactista que muestra la adicción a las drogas y el alcohol como la moneda que se paga al diablo por la fama, Rocketman logra esquivar la moralina para decir que, en el fondo, todo esto son los excesos de un niño tímido que se viste de pavorreal para afrontar el peso del escenario y que va cargando una especie de condena de parte de su madre, quien un buen día le suelta la frase de “nadie te va a amar como se debe” o dicho de otra manera, “nadie te va a amar”.

Aun cuando se conoce que el cantante y su esposo David Furnish estuvieron involucrados como productores, la cinta no es del todo benévola con Elton John; éste no es redimido por el amor o la música, sino que llega a rehabilitación, cansado, harto de sentirse basura, para sentarse frente a otros cuya vida también se ha ido al carajo y aceptar  que es alcohólico, adicto a la cocaína, al sexo, a las compras y varias otras cosas.

La imaginativa puesta en escena de Fletcher y la inmersión total de Egerton en el papel, quien a diferencia de Rami Malek, no sólo canta, sino que da vida a cada uno de los poderosos himnos (Peter Travers dixit) del artista británico, desborda momentos cinematográficamente poderosos y sumamente emotivos, por si a alguien ya le había parecido emotivo el anuncio navideño de los almacenes John Lewis & Partners.

 
 
 
 
       

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