TERMINATOR: LA SALVACIÓN

DIRECCIÓN: McG
TÍTULO ORIGINAL: Terminator Salvation (2009)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Michael Ferris, John Brancato
FOTOGRAFÍA: Shane Hurlbut
MÚSICA: Danny Elfman
DURACIÓN: 115 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Con 6.4 millones de dólares como único presupuesto, en Terminator (1984) existía un deseo de generar, a partir de un relato lleno de paradojas espacio-temporales, cierto sentimiento de paranoia a partir de lo que parecía la hipertecnologización bélica de un mundo que parecía ir desbocado a su inminente fin. Echando mano de prostéticos sumamente realistas, un endoesqueleto metálico que en algunas circunstancias fue necesario animar mediante la técnica del stop motion y varias explosiones controladas, James Cameron y su equipo lo hicieron posible hace 24 años.

Con escenarios y guerras hiperrealistas totalmente creadas mediante imágenes de computadora, además de muchas más ambiciones en cuanto a sus alcances comerciales, Terminator: La salvación carece justamente de una historia sólida, que exija al espectador conectar datos dispersos y coloca toda su oferta en los logros visuales que representan sus batallas y persecuciones, lo que generalmente se traduce en un espectáculo hueco.

Es el año 2018 y John Connor (Christian Bale) es uno de los principales líderes de la Resistencia en la guerra contra las máquinas de Skynet que intentan aniquilar a la especie humana. Su causa se cruza con la de un intrigante sujeto llamado Marcus (Sam Worthington), un hombre condenado condenado a muerte en 2003 que se ha echado a cuestas la responsabilidad de mantener a salvo a un jovencito llamado Kyle Reese (Anton Yelchin), quien ya como adulto volverá a 1984 para convertirse en el padre de Connor.

Pero con todo, la nueva entrega de Terminator presenta una visión postapocalíptica que ya no tiene nada nuevo para sorprender. Los personajes son limitados por un guión que sistemáticamente trunca las escenas dialogadas e impide que el paquete aspire a algo más que a la acción frenética, de tal manera que la psicología de sus personajes queda reducida a un nivel pobrísimo, tanto que su filosofía más acabada gire en torno a la idea romántica de que lo que nos distingue de las máquinas es el corazón.

Aun cuando introduce guiños a manera de homenaje a las primeras dos películas, las más modestas de la saga, la cinta dirigida por McG difícilmente convencerá porque no parece interesada en el público adulto que vio las tres anteriores, que desenmarañó la moderada complejidad de aquéllas y aun descubrió sus grandes contradicciones. Las baterías parecen únicamente enfocadas a un sector joven, apasionado de los videojuegos bélicos que difícilmente apreciará el plano desempeño de Christian Bale como protagónico a cambio de la sorpresa qe logra dar Sam Worthington.

Terminator Salvation no es un filme aburrido, pero sí uno que que puede dejarse pasar. Ni siquiera en su semana de estreno en la Unión Americana logró liderar la taquilla, lo que obligaría a preguntarse si no están en riesgo dos nuevas secuelas que se encuentran en fase de desarrollo.

 
 
 
 

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