LA TIERRA PERDIDA

DIRECCIÓN: Brad Silberling
TÍTULO ORIGINAL: Land of the Lost (2009)
PAÍS: Estados Unidos
GUIÓN: Chris Henchy, Dennis McNicholas; basado en la serie de televisión Land of the Lost creada por Sid y Marty Krofft
FOTOGRAFIA: Dion Beebe
MÚSICA: Michael Giacchino
DURACIÓN: 102 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

En los años setenta muchos tuvimos oportunidad de ver Land of the Lost, una serie de televisión verdaderamente barata (aunque particularmente recordada) sobre una familia perdida en las corrientes de un río subterráneo que los conducía a una tierra misteriosa hecha de cartón, habitada por dinosaurios de látex que se movían mediante la técnica stop motion, cavernicolas y seres extraterrestres mitad reptiles mitad humanos (Sleestak).

Más allá de lo que opinen los nostálgicos, intentar una película basada en el serial televisivo y asumir además esto con demasiada circunstancia y reverencia, habría resultado en otra hueca, intrascendente y aburrida película de aventuras del tipo Viaje al centro de la Tierra. En lugar de ello, Universal Pictures y el director Brad Silberling simplemente decidieron no tomarse en serio y hacer una comedia con el material.

En ella, el profesor Rick Marshall (Will Ferrell) defiende la teoría sobre la existencia de portales que conducen a dimensiones en las que el presente pasado y futuro se encuentran. Ridiculizado por la comunidad científica, el profesor Marshall encuentra a su única seguidora en Holly Cantrell (Anna Friel), una investigadora británica que lo impulsa a probar su amplificador de taquiones en lo que queda en pie de un decadente centro turístico, lo cual hacen con éxito, llevándose en el viaje a un ordinario guía (Danny McBride).

Sin ninguna diferencia con las absurdas premisas de la serie, excepto el tono abiertamente humorístico con el que la película los afronta, La tierra perdida añade situaciones estupidamente hilarantes como el amplificador de taquiones que reproduce canciones de A Chorus Line, el baño que toma Ferrell para volverse indetectable para los dinosaurios o incorrecciones políticas como la de comparar a los polacos con animales poco evolucionados.

Esto, junto con las demás bromas sexistas, escatológicas y homoeróticas hará sentir a muchos que se está profanando un clásico de la televisión del que hoy, con toda honestidad, nadie aguantaría más de 20 minutos, además de que para ser justos resultaba un lastre que la colocaran en la barra de dibujos animados.

La tierra perdida puede resultar en una comedia graciosa siempre que no se le considere lo que no es y en tanto se aprecie el trabajo irreverente y al mismo tiempo burdo del comediante Will Ferrell quien, a su manera, hace el mejor homenaje que puede a un programa que difícilmente soportaría una puesta al día. Eso de que un grupo de lagartijos que se mueven como zombies impedidos tengan ambiciones de dominar el universo, no podría ser más que material de comedia.

 
 
 
 

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