TIERRA DE ZOMBIES

DIRECCIÓN: Ruben Fleischer
TÍTULO ORIGINAL: Zombieland (2009)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Rhett Reese, Paul Wernick
FOTOGRAFIA: Michael Bonvillain
MÚSICA: David Sardy
DURACIÓN: 88 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Si bien es un referente obligado del género, no estoy muy seguro de que traer a cuento la seminal La noche de los muertos vivientes (1968), de George A. Romero, venga mucho a cuento a propósito del estreno de Tierra de zombies. A lo largo de décadas, esta variante del cine fantástico ha servido a una larga lista de directores para introducir críticos comentarios sobre su sociedad; sin embargo, la cinta del debutante Ruben Fleischer no aspira más que a ser una comedia festiva que mezcla hilarante slapstick y un poco de horror.

La historia sucede en un postapocalíptico Estados Unidos, cuyos habitantes se han convertido en zombies gracias a hamburguesas de res infectadas con un virus similar al de las vacas locas. Intentando cruzar el país, Columbus (Jesse Eisenberg), un joven nerd, se encuentra con Tallahassee (Woody Harrelson), un rudo sureño que se ha vuelto un lúdico especialista en eliminar zombies y cuyo único objeto en la vida es encontrar los Twinkies que aún queden en el mundo.

En su camino, y bajo el acuerdo de no revelar sus nombres reales para no crear lazos afectivos, ambos conocen a Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), dos hermanas tramposas y ladronas, quienes sueñan con ir a Pacific Playland, un parque de diversiones en California, el cual recuerdan como uno de los lugares donde más felices fueron durante su infancia.

Además de una estupenda secuencia inicial de créditos que muestra en cámara súper lenta la paulatina propagación del virus, el director inserta como parte de la acción viva varios rótulos con ingeniosas reglas básicas de supervivencia en un mundo poblado de muertos vivientes. A la irreverente satirización de las películas del género, a la generosa cantidad de sangre y acción se añade también el paso del cuarteto por las mansiones de los famosos de la música y el cine en Beverly Hills y un sorpresivo cameo que probablemente, en términos de humor, sea el mejor momento de la película.

Sin embargo, está por demás decirlo, la película tiene sus fallos. El más grave tiene que ver con una ausencia casi total de suspenso o una sensación de inminente peligro de la que debería estar acompañado el relato.

Por lo que hace al resto, se aprecia la ironía en torno a la incapacidad de los protagonistas masculinos para relacionarse con los demás y establecer vínculos emocionales genuinos con la gente a su alrededor, lo que los iguala con cualquiera de los seres deshumanizados de los que huyen... Como sugiere un personaje, a veces no hace falta mucho más que comportarse como el resto para pasar perfectamente como un zombie y vivir entre ellos.

 
 
 
 
  

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