TRES ANUNCIOS POR UN CRIMEN

DIRECCIÓN: Martin McDonagh
TÍTULO ORIGINAL: Three Billboards Outside Ebbing, Missouri (2017)
PAÍS: Reino Unido, Estados Unidos
GUION: Martin McDonagh
FOTOGRAFIA: Ben Davis
MÚSICA: Carter Burwell
DURACIÓN: 115 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Con el título de esta cinta no hay lugar para sorpresas. La historia dirigida por Martin McDonagh nos presenta desde los minutos iniciales a Mildred Hayes (Frances McDormand), una mujer de la comunidad de Ebbing, Missouri, quien acude a una empresa de publicidad exterior para rentar tres deteriorados espectaculares ubicados en un camino escasamente transitado.

El contenido por el que paga la mujer tiene un solo fin: avergonzar al jefe de la policía local, pues meses atrás su hija fue violada y asesinada, y aún no hay un solo sospechoso detenido. Se trata, pues, de un relato que ocurre en el medio-oeste de la gran América de Donald Trump, donde los cuerpos policiacos parecen alimentarse de los sectores más ignorantes y racistas, lo que además se acompaña de una natural indolencia por el dolor de las víctimas y sus familias.

El sheriff Willoughby (Woody Harrelson) parece escapar a este modelo de inútiles servidores públicos; es un buen hombre, tan recto como puede serlo, pero sus circunstancias personales y sus limitadas opciones para contar con un mejor equipo policiaco le impiden avanzar en la investigación del caso.

No hay enemistad entre él ni Mildred, porque aunque la tragedia la haya endurecido y transformado en una lanzadora de dardos envenenados cada vez que alguien la juzga moralmente o le reprocha romper la tranquilidad del pueblo, su objetivo no es confrontar al Sheriff, sino exhibir un sistema  de justicia negligente que permite que del lado de la ley haya sujetos como el alguacil Dixon (Sam Rockwell).

La de la protagonista es la impotencia que en algún punto aprieta los puños y se vuelve una frustración que no distingue ya entre justicia y venganza. Es imposible no sonreír ante la misantropía que se esconden tras los diálogos de Tres anuncios por un crimen o de situaciones como el ejercicio de corrección política que practican los cavernícolas de la policía local, haciendo que uno vea influencias de los hermanos Joel y Ethan Coen que quizá no existan, pero que hacen que uno salga de la sala con un amargo en la boca y la sensación de que esto –para mal– no se ha terminado.

 
 
 
 
       

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