EL HOBBIT: UN VIAJE INESPERADO

DIRECCIÓN: Peter Jackson
TÍTULO ORIGINAL: The Hobbit: An unexpected journey (2012)
PAÍS: Estados Unidos, Nueva Zelanda
GUION: Peter Jackson, Philippa Boyens, Guillermo del Toro, Fran Walsh; basado en la novela de J.R.R. Tolkien
FOTOGRAFÍA: Andrew Lesnie
MÚSICA: Howard Shore
DURACIÓN: 169 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Peter Jackson consiguió con El Señor de los Anillos la adaptación de un relato complejo sobre un universo fantástico que iba desdoblándose a lo largo de más de mil páginas. Una década después, el realizador ha decidido regresar a las historias en la Tierra Media y tomar El Hobbit, la novela que J.R.R. Tolkien escribió para sus hijos antes de la célebre trilogía, para filmar una nueva cinta de aventuras, acaso menos cruel y menos oscura.

Aunque el punto de partida lo marca la caída del reino de Erebor y el dominio sobre él del dragón Smaug, la historia comienza realmente con la visita de Gandalf El Gris (Ian McKellen) al hogar del joven hobbit Bilbo Baggins (Martin Freeman), quien es invitado a unirse a una compañía de trece enanos encabezados por Thorin Oakenshield (Richard Armitage), determinados a recuperar la tierra de la cual fueron expulsados por el dragón.

Aunque el relato se ubica cronológicamente 60 años antes de los hechos narrados en El Señor de los Anillos, por momentos El Hobbit se asemeja demasiado al inicio de aquella aventura. Bilbo, al igual que su sobrino Frodo, es el arquetipo del héroe improbable, pequeño y débil, que crece hasta mostrar una valentía de la que otros, incluso habituados a la guerra, no son capaces.

Con la idea de establecer vínculos entre dos episodios separados por el tiempo, Peter Jackson incluye en la trama a personajes que nunca aparecen en el texto original de Tolkien, como Saruman (Christopher Lee) y los elfos Elrond (Hugo Weaving) y Galadriel (Cate Blanchett), lo que al final pone de manifiesto la intención del director neozelandés de establecer un continuo narrativo y visual entre las dos trilogías, aunque el tono sí es notoriamente distinto.

De tal manera, Un viaje inesperado vuelve a los combates a espada frente a trolls, orcos y trasgos, y el vértigo de la constante huida a la orilla de abismos que en el fondo guardan más peligros, pero en los que hallamos menos dramatismo que antes. Los mejores momentos de la cinta no están ahí, sino en el encuentro entre Bilbo y el Gollum (sorprendente la expresividad lograda por Andy Serkis), quienes en una sencilla secuencia, al margen de toda espectacularidad, llevan a cabo un duelo de adivinanzas.

La trama se centra en la reconquista que los enanos intentan hacer de Erebor, sin embargo, el protagonismo está depositado en Gandalf, el hobbit y ocasionalmente en Thorin, negándole al resto mayor dimensión y un trazo más definido en su personalidad.

Saliendo al paso de cuestionamientos relativos a la literalidad de la adaptación de una novela ostensiblemente menos extensa que habrá de desdoblarse en tres nuevos filmes, creo que en realidad la pregunta fundamental aquí es si El Hobbit funciona como obra fílmica en sí misma y no necesariamente como adaptación del libro. C.S. Lewis (autor de Las crónicas de Narnia) reconoció alguna vez que el mundo de fantasía creado por Tolkien era exactamente lo a que a él le hubiese gustado escribir; “da la sensación de que no es una invención suya, sino que se ha limitado a describir ese mismo mundo al que tenemos acceso nosotros [fantástico, imaginativo, probablemente] . Otra cosa muy diferente es si es o no es realmente bueno y, más aún, si tendrá éxito entre los niños de ahora”.

Peter Jackson ha apostado y una vez que su gran historia de seis piezas quede concluida veremos qué tan buena es.

 
 
 
 
 
 

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