VOLVER AL FUTURO

DIRECCIÓN: Robert Zemeckis
TÍTULO ORIGINAL: Back to the Future (1985)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Robert Zemeckis, Bob Gale
FOTOGRAFÍA: Dean Cundey
MÚSICA: Alan Silvestri
DURACIÓN: 116 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Llena de personajes pintorescos y vivos, Volver al futuro es una de esas viejas y entrañables cintas fantásticas y de aventuras, que mira con humor al pasado y se aventura a imaginar un futuro maravilloso e imperfecto; un producto sin didactismos, sin enseñanzas morales y sin fecha de caducidad.

El truco detrás de su hechura no era más complicado que imaginar la vida en una pequeña ciudad de Estados Unidos y pensar en cómo la más leve intervención en la historia de esa comunidad podría modificar radicalmente el futuro de todos sus habitantes.

La particularidad es que Robert Zemeckis elaboró con Bob Gale un guion sencillo en apariencia, pero mucho más complejo debajo de la superficie, que creaba sus propias reglas de viaje en el tiempo y se sometía a ellas en beneficio de la trama en la que los personajes van tratando de resolver conflictos juveniles mientras esquivan paradojas capaces de destruir su universo.

La cinta juega con la nostalgia por los años cincuenta, la cultura musical, la visión del mundo y de la familia que prevalecían entonces, para contrastarlas con la vida en 1985, en el que se ve chocar a los jóvenes con los valores de sus padres. Y ese es quizá uno de los principales detonadores de la comedia: enfrentar al protagonista no a una época que le es completamente ajena, sino sumergirlo en ella para descubrir que alguna vez sus papás también fueron jóvenes y vivían sus propias rebeldías.

La historia va continuamente de pasado a presente a través del cruce ocurrente de referencias. Marty McFly no sólo nos regala un gran momento sobre el escenario mientras toca con su guitarra “Johnny B. Goode”, sino que se la hereda a Chuck Berry. Al mismo tiempo, influye para que su padre se convierta en un escritor de ciencia ficción hablándole de Star Wars y Star Trek.

No hay un elemento único que explique cómo una película venida de una época más ingenua como Volver al futuro trascendió a su tiempo, legó íconos a la cultura popular como el DeLorean y nos puso a todos a esperar los vaticinios que en su secuela se hicieron sobre 2015.

Lo cierto es que en ella, hay momentos de ingenio constante, resonancias de productos culturales que fueron consolidándose en las últimas décadas como sólidas referencias y una trama llena de paradojas que retan al público.

Al final de la cinta sucede lo inevitable: el mundo del presente no es el mismo y la historia se ha modificado. Sin embargo, los cambios más importantes son los sufridos internamente por varios personajes, quienes aparecen como una mejor versión de sí mismos, pues en algún momento eligieron alternativas diferentes para su vida.

El mensaje, en el fondo, es el mismo que se hace explícito al final de Volver al futuro III: el futuro no se ha escrito y cada uno crea el suyo con sus elecciones de todos los días. Hay elección.

 
 
 
 

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