X-MEN ORÍGENES: WOLVERINE

DIRECCIÓN: Gavin Hood
TÍTULO ORIGINAL: X-Men Origins: Wolverine (2009)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido
GUION: David Benioff, Skip Woods
FOTOGRAFÍA: Donald McAlpine
MÚSICA: Harry Gregson-Williams
DURACIÓN: 107 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Por mucho, quizá sólo al lado de un par de personajes más, Wolverine es la figura que mayor interés podía generar de la trilogía original de los X-Men. De una u otra forma, era su personaje el que llevaba el mayor peso de las tres cintas anteriores, la segunda de las cuales ya se había ocupado de alguna manera de su origen.

La película de Gavin Hood va, sin embargo, todavía más atrás, hasta mediados del siglo XIX, cuando Logan y Victor, dos medios hermanos que sufren de mutaciones similares, ven cómo su destino se cruza tras un hecho trágico. Años después, gracias a una secuencia inicial estupendamente montada, se les ve convertidos en adultos, luchando en el frente de cada una de los grandes conflictos bélicos librados por los estadounidenses, desde la Guerra Civil de 1861 hasta Vietnam.

Su destreza en combate no pasa inadvertida para Stryker (Danny Huston), quien los recluta para integrar una unidad de elite del ejército, donde afloran los instintos sanguinarios de Victor y las dudas morales de Logan, quien decide retirarse a vivir en tranquilidad con su novia, de quien obtiene el nombre de Wolverine.

Aunque son los fanáticos del cómic quienes en última instancia pueden hablar de la fidelidad que guarda el guion cinematográfico con las miniseries Wolverine: Origen y Arma X en las cuales se basa éste, el filme toma a partir de este tramo un rumbo predecible e incluso un tono pasajeramente amelcochado por su contenido romántico. La explicación sobre cómo se formaron las garras y el esqueleto de adamantio del personaje completa el círculo de dudas abierto en X-Men 2, pero desafortunadamente abre la puerta a la espectacularidad vacía.

Si bien no puede hablarse en términos de conceptos como "creíble" o "verosímil", sí puede advertirse un cambio desmesurado en las dimensiones de lo que planteaba la primera mitad del relato; los combates que nacían de instintos primitivos como la sobrevivencia o la venganza, se convierten hacia el final en una guerra de magnitud apocalíptica, incluso con reactores nucleares como parte de la escenografía.

Ninguna crítica puede escatimarle méritos al departamento digital que trabajó para este primer spin-off de los X-Men; los logros en el terreno de los efectos especiales no están a discusión. El problema es el mismo que han venido acusando otras cintas basadas en heroes del universo Marvel: el desenlace que involucra un enfrentamiento con un engendro nacido de un experimento fallido, que se supone invencible, pero que cualquiera podría anticipar que presentará un punto vulnerable, lo cual empieza a volverse anticlimático.

Wolverine cumple como uno más de los blockbusters que inevitablemente se llevan las pantallas cada verano, pero hace reducir las expectativas sobre las siguientes películas de X-Men Orígenes que veremos en los años por venir.

 
 
 
 
  

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