127 HORAS

DIRECCIÓN: Danny Boyle
TÍTULO ORIGINAL: 127 Hours (2010)
PAÍS: Estados Unidos, Reino Unido
GUION: Danny Boyle, Simon Beaufoy; basado en el libro Between a rock and a hard place, de Aron Ralston
FOTOGRAFÍA: Anthony Dod Mantle, Enrique Chediak
MÚSICA: A.R. Rahman
DURACIÓN: 94 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Incómoda, aunque llena de belleza en la mayor parte de sus 96 minutos, dura y conmovedora en su tramo final, 127 horas es una lección de cine, una historia de vida contada en el pequeño espacio de una grieta con un actor cuya movilidad reducida lo obliga a usar todas sus herramientas.

El protagonista de esta historia verídica es Aron Ralston (James Franco), un joven montañista con entrenamiento como rescatista voluntario, quien tras violar una norma básica de su actividad, se lanzó sin avisar a nadie a explorar el cañón Blue John, en Utah, donde accidentalmente cayó en una grieta y una roca desprendida aprisionó su mano y antebrazo derecho, dejándolo atrapado, luchando por más de cinco días por su vida, hasta que no tuvo más opción.

Aunque en varios aspectos, esta cinta recuerda la reciente Sepultado del español Rodrigo Cortés, el trabajo de Danny Boyle tiene un dinamismo paradójico para un montaje que durante cerca de una hora se ocupa de un hombre que no se puede mover. El director británico convierte la cámara en un testigo que mira el sufrimiento y la desesperación de Ralston desde todos los ángulos posibles, incluido el fondo de una botella de agua.

La fotografía de Anthony Dod Mantle y Enrique Chediak, junto con el trabajo de edición de Jon Harris, le dan a 127 horas más recursos de los que parece tener. Así, el montaje final nos ofrece una pantalla partida en tres (cada una con una perpectiva diferente) e imágenes borrosas de desconocidos que se aparecen como premoniciones y aun como fantasmas del pasado del protagonista.

La película y la actuación de Franco ahogan, roban un poco el aliento en sus tramos climáticos. De ahí que más de una vez la cámara escape hacia arriba, a toda velocidad, para darle aire al relato y al espectador. La historia trasciende la proeza humana, la prolongación del sufrimiento físico como tema central, para llevarla a un plano más filosófico. Dice el Evangelio que si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros. De ese tamaño es la decisión de vida que toma Ralston; así de radical.

 
 
 
 
 

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