RICKY BOBBY: LOCO POR LA VELOCIDAD

DIRECCIÓN: Adam McKay
TÍTULO ORIGINAL: Talladega nights. The Ballad of Ricky Bobby (2006)
PAÍS: Estados Unidos
GUION: Adam McKay, Will Ferrell
FOTOGRAFÍA: Oliver Wood
MÚSICA: Alex Wurman
DURACIÓN: 108 minutos

 
       

Juan Carlos Romero Puga | @jcromero

Will Ferrell es un comediante talentosísimo, pero que necesita de buenos guiones para lucir. Sin importar que haya sido actor de reparto, sus actuaciones en Zoolander, Starsky y Hutch, Los caza novias o Melinda y Melinda son notables.

Sin embargo, Ricky Bobby: loco por la velocidad sale debiendo, justamente porque el potencial de Ferrell es apenas explotado por una historia ordinaria —más bien mala— en la que la simpleza supera a lo gracioso.

Ricky Bobby (Ferrell) es un hombre a quien desde niño le ha apasionado la velocidad. El sueño de su vida se cumple cuando recibe una oportunidad de pilotear un auto de la serie NASCAR, donde de inmediato alcanza los niveles más altos. No obstante, su ascenso es frenado de pronto por la aparición de Jean Girard (Sacha Baron Cohen), un corredor francés de Fórmula 1 que aparece para desafiarlo y hacerle la vida imposible en las pistas.

La presión que ejerce el europeo sobre él, lo lleva a sufrir un accidente que, más que dañarlo en lo físico, lo incapacita psicológicamente para subirse de nuevo a un auto, de modo que tendrá que encontrar la manera de superar su problema.

Aunque es evidente la capacidad del reparto y de cada uno de quienes lo conforman, la cinta desaprovecha a varios buenos actores, entre quienes hay que contar a Michael Clarke Duncan (Milagros inesperados) y a Amy Adams (Atrápame si puedes), cuyos papeles los hacen lucir terriblemente desperdiciados.

Las deficiencias del filme se deben en todo caso a la dirección de Adam McKay, ya que pese a tener a su disposición la impresionante estructura de NASCAR (por lo cual muchos anticipábamos una atractiva parodia sobre ese mundo) ésta no sirve sino como un escenario bastante anodino de una historia que podía haberse realizado en cualquier categoría menor.

Pese a todo, hay momentos muy graciosos dentro del filme, que en el fondo son una dura crítica a la ignorancia supina de ciertos sectores de la sociedad norteamericana, la cual casi siempre viene acompañada de una buena dosis de divertida blasfemia.

De acuerdo con una de esas agrupaciones cristianas provalores que cuentan una a una las altisonancias, escenas con contenido erótico y otros contenidos “impropios” en los filmes y las caricaturas, en Ricky Bobby: loco por la velocidad el nombre de Dios es abusado casi 20 veces.

No es de extrañar, sin embargo, que algunas de estas secuencias que tan sacrílegas encontró la “gente decente” sean a la vez las más hilarantes. Por ejemplo, el debate que se inicia mientras Ricky bendice los alimentos y da gracias al bebé Jesús, mientras su esposa le informa que Jesús es ya un hombre adulto y uno de sus amigos remata al decir que él lo imagina más como un guerrero ninja.

Sin duda, lo más rescatable de todo esto es el ánimo trasgresor de Adam McKay y Will Ferrell —quienes ya antes habían trabajado juntos en El periodista: la leyenda de Ron Burgundy y Saturday Night Live—. Sin embargo, el buen trabajo del que ambos son capaces se ve reflejado apenas en pequeños momentos, genuinamente graciosos, eso sí, debido en mucho a que ninguno se la piensa demasiado para llevar el humor a extremos verdaderamente absurdos.

Pero con todo, seguimos hablando de momentos, de una sucesión de gags poco cohesionados, y no de una cinta consistente de principio a fin. No es aceptable que con su ingenio Ferrell siga brillando en filmes ajenos y se quede en la medianía cuando se trata de sus protagónicos.

 
 
 
 

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